Publicado en Paralelo36
Rocío Cruz
Cuatro mujeres asesinadas. Dos menores víctimas de violencia vicaria. En una sola semana. En España.
Y el país no se ha detenido.
Mientras los focos apuntaban a pactos, estrategias y batallas partidistas, seis vidas fueron arrancadas. Seis sillas vacías. Seis historias interrumpidas. Muchas de esas mujeres estaban dentro del sistema VioGén del Ministerio del Interior. Habían denunciado. Habían pedido ayuda. Habían hecho lo que se supone que hay que hacer.
Y están muertos.
No, no es un fallo aislado. No es “mala suerte”. No es un arrebato inexplicable. Cuando el riesgo está identificado y aún así no se evita el asesinato, no falla la ley: falla el sistema de protección. Falla la prevención. Falla la vigilancia. Falla la coordinación. Falla la prioridad política real.
Y mientras tanto, agresiones sexuales que afectan a representantes del Partido Popular ya miembros de cuerpos policiales nos recuerdan algo aún más inquietante: la violencia contra las mujeres atraviesa instituciones que deben ser refugio y garantía de seguridad. Cuando eso ocurre, el mensaje es demoledor.


