martes, 2 de junio de 2026

LLAMAMIENTO AL PROFESORADO ANDALUZ: LAS FAMILIAS NO QUEREMOS IR SOLAS

 


Detrás de cada cifra de abandono escolar, de cada aula pública que se cierra en nuestros barrios y de cada joven que se queda sin plaza para estudiar lo que sueña, estamos nosotras. Estamos las madres y los padres. Familias que no dormimos pensando que nuestros hijos e hijas irán mañana a colegios convertidos en hornos, o pensando en cómo luchar para que el alumnado con necesidades especiales tenga garantizado su derecho a una educación de calidad en igualdad de condiciones.

Nos hemos convertido, por pura supervivencia y amor, en el parachoques de un sistema educativo andaluz que se cae a pedazos. Soportamos el frío de las protestas, la frustración de las promesas rotas y el peso de una responsabilidad que nadie nos debería exigir en exclusiva.

A veces miramos de reojo a la Comunitat Valenciana y se nos encoge el alma de admiración y de envidia sana. Allí, el profesorado ha decidido que no se puede delegar el dolor de la escuela pública en los hombros de las familias. Más de 200 directores y directoras han dimitido en bloque y han parado el sistema junto a sus docentes en una huelga indefinida valiente, demostrando que la defensa de la escuela pública es un acto de coraje absoluto que se asume en primera persona.

¿Y en Andalucía? En nuestra tierra, lo que encontramos en la mayor parte del profesorado es una anestesia y un silencio que duelen. Frente a ratios imposibles, frente a la falta de recursos y medios para el alumnado con necesidades especiales, frente al goteo constante de aulas públicas suprimidas y frente a la escandalosa privatización de la Formación Profesional (FP) —así como el desmantelamiento de la FP específica y adaptada para los chicos y chicas más vulnerables—, la respuesta de quienes habitan las salas de profesores, en su mayoría, se ha vuelto peligrosamente previsible. Se ha sustituido la movilización real por la queja de pasillo mientras la realidad nos pasa por encima. Quienes no actúan así son, lamentablemente, la excepción.

También resulta intolerable la alarmante estrategia de bastantes profesionales para justificar esta inacción. Desvían de forma vergonzosa el foco hacia el eslabón más débil, magnificando los problemas de convivencia, y poniendo el foco en situaciones excepcionales, criminalizando a los y las menores y dibujando las aulas como junglas ingobernables para tapar que, en realidad, miran hacia otro lado. Incluso tenemos que ver en las redes sociales a ciertos docentes reconvertidos en influencers lanzando odio y condescendencia sobre el alumnado y sus familias para buscar el aplauso fácil.

Esta actitud se traslada a la gestión del día a día. Una parte importante del colectivo acepta acuerdos que reducen la participación familiar al entorno online. Entienden la “comunidad educativa” como una notificación unidireccional por iPasen y nos vetan en los debates profundos bajo el pretexto de que “ellos son los profesionales”. Olvidan que las familias llevamos leída más normativa que muchas y muchos de ellos. No existe otro sector donde personas no profesionales se formen tanto para ejercer su derecho legal a opinar.

No se trata de un deseo de cuestionar la labor docente —como tantas veces se nos recrimina—, sino de una respuesta inevitable: suele decirse que el profesorado es el colectivo funcionarial que peor conoce su propia normativa. Una falta de formación en sus obligaciones legales que, paradójicamente, obliga a las familias a estudiar la ley para no quedar en el más absoluto desamparo.

Parece que la estrategia de algunos claustros es esperar sentados a que la desesperación de las madres y los padres prenda la mecha ante los problemas estructurales reales. Esperan que sigamos siendo nosotras las que pongamos el cuerpo, el desgaste emocional y las lágrimas de impotencia frente a la administración, para luego sumarse ellos cuando el terreno ya esté ganado.

Nosotras amamos y respetamos profundamente a los maestros y maestras de nuestros hijos e hijas. Precisamente por ese respeto infinito, les pedimos que despierten, que salgan de su letargo, y que den un paso al frente.

La defensa de la escuela pública andaluza no puede ser un escudo humano hecho de familias ya agotadas. Si de verdad queremos salvar el futuro de la educación pública, los maestros y maestras, el profesorado tiene que asumir las consecuencias de un conflicto real.

Las familias estamos dispuestas a vaciar aulas y a llenar las calles, nunca hemos dejado de hacerlo, pero no queremos ir solas en la vanguardia. El futuro de la educación pública se defiende con la comunidad unida, profesorado y familias, codo con codo. O no se defenderá.

Artículo publicado en ELDIARIO.ES DE 27-5-26

domingo, 31 de mayo de 2026

sábado, 30 de mayo de 2026

viernes, 22 de mayo de 2026

¿Qiénes nos llevan a la tercera guerra mundial en Europa?

 




Merz y Rutte

La OTAN, una estafa peligrosa para Europa

Thomas Fazi

CTXT

 22/05/2026


Trump ha vuelto a crear revuelo entre los europeos. En esta ocasión, ha anunciado la retirada de unos 5.000 soldados de Alemania como parte de una decisión del Pentágono motivada por la disputa pública del presidente con el canciller alemán, Friedrich Merz, sobre la guerra de Irán. El recorte supone aproximadamente el 14 % de los cerca de 35.000-36.000 soldados norteamericanos actualmente estacionados en Alemania, y se espera que se lleve a cabo en un plazo de seis a doce meses, devolviendo los niveles de las fuerzas norteamericanas a los que tenían antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022. Trump ha insinuado que podrían producirse más recortes. Ha calificado la medida de “castigo” por las críticas de Merz a la gestión de la guerra por parte de Washington, entre las que destaca la afirmación de Merz de que Irán ha “humillado” a los Estados Unidos. 

Esto forma parte de una ofensiva más amplia, lanzada por Trump contra los aliados de la OTAN en las últimas semanas, por su negativa a enviar fuerzas navales para ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. Les dijo a los miembros de la OTAN que “tendrán que empezar a aprender a defenderse por sí mismos” porque “los Estados Unidos ya no estarán ahí para ayudarles, igual que no estuvieron ustedes ahí para [ayudarnos a] nosotros”. Trump también ha amenazado con retirar tropas de Italia y España, y ha vuelto a plantear la posibilidad de que los Estados Unidos abandonen la OTAN por completo. Cuando se le preguntó en una entrevista reciente si reconsideraría la pertenencia de Estados Unidos a la Alianza, Trump respondió: “Oh, sí, diría que [eso] va más allá de una reconsideración”.

En este contexto, el ambicioso programa de rearme de Alemania se presenta de forma generalizada como un paso positivo en la dirección correcta: Europa está, por fin, tomando las riendas de su propia seguridad. Pero, ¿se sostiene este discurso? ¿Y hasta qué punto hay que tomarse en serio la amenaza de los Estados Unidos de abandonar la OTAN? Un análisis más detallado revela una imagen muy diferente.

El objetivo es transformar la Bundeswehr en “el ejército convencional más fuerte de Europa” para 2035, y en una fuerza “tecnológicamente superior” para 2039

El mes pasado, Alemania publicó su primera estrategia militar oficial, presentada por Boris Pistorius, ministro de Defensa del país. Su principal objetivo es transformar la Bundeswehr en “el ejército convencional más fuerte de Europa” para 2035, y en una fuerza “tecnológicamente superior” para 2039, con la República Federal situada como principal potencia militar del continente y socio principal de sus aliados europeos. Para lograrlo, la estrategia prevé un rearme masivo con armas de largo alcance, un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y una fuerza total –incluidas las reservas– de 460.000 soldados. La reserva se plantea explícitamente como un puente hacia la sociedad civil, lo que indica una intención de ampliar la militarización social.

La estrategia ha suscitado reacciones muy dispares. Algunos la aclaman como un paso largamente esperado para liberar a Alemania –y, por extensión, a Europa– de la tutela militar norteamericana, dada la aparente “desvinculación” de EEUU de la OTAN. Otros la consideran un peligroso resurgimiento del nacionalismo militar alemán, que evoca el capítulo más oscuro de la historia europea del siglo XX. Ambas interpretaciones pasan por alto lo esencial. El rearme de Alemania no está diseñado para hacer que el país sea más soberano militarmente –para bien o para mal–. Está diseñado para elevar el papel de Alemania como “vasallo en jefe” dentro de la estructura de mando de la OTAN controlada por los Estados Unidos. En este sentido, la disputa entre Trump y Merz debería considerarse poco más que teatro político.

El propio documento lo deja claro. Una de sus frases clave reza: “La OTAN debe volverse más europea para seguir siendo transatlántica”. El papel de Alemania no se concibe meramente como el de un actor militar de primera línea, sino como centro logístico y estratégico de la OTAN: el nodo que une Europa Oriental, Central y Occidental, al tiempo que mantiene la conexión transatlántica con Norteamérica. En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente. Parafraseando una famosa frase de la novela italiana El gatopardo: “Todo tiene que cambiar para que todo pueda seguir igual”.

Así lo dejaba claro un reciente mensaje en X de Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política de los Estados Unidos. Colby acogía con satisfacción la nueva estrategia militar de Alemania como una reivindicación de la presión ejercida por Trump sobre los aliados europeos para que se rearmaran, y la presentaba como un paso hacia lo que él denomina “OTAN 3.0”. Su argumento principal es que Europa, liderada por Alemania, debe ahora convertir los Compromisos de La Haya –en los que los europeos se comprometieron a una inversión histórica, con el objetivo de destinar el 5 % de su PIB a Defensa para 2035– en capacidad militar concreta. Citaba aprobatoriamente al secretario general de la OTAN, Rutte: “Sistemas de defensa aérea, drones, munición, radares, capacidades espaciales: eso es lo que nos mantendrá a salvo”. En lo que respecta específicamente a Alemania, Colby presentaba la nueva estrategia militar como prueba de que Berlín estaba por fin dando un paso al frente tras “años de desarme”, señalando que el rebautizado Departamento de Guerra ya estaba colaborando estrechamente con los alemanes para acelerar la transición.

La propia estrategia, tal y como la citaba Colby, reconoce que Washington “está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico” y exige a los aliados que “intensifiquen sus esfuerzos para salvaguardar su propia seguridad”. Alemania, en este contexto, debe convertirse en “un aliado militar aún más fuerte de Estados Unidos” precisamente porque este país está reorientando sus esfuerzos hacia otros lugares.

Esto no es más que una reformulación de la “división del trabajo” que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunció nada más tomar posesión la Administración Trump. Dejó claro que los Estados Unidos debían centrar su atención en otros frentes –ahora sabemos que se refería a Irán y, en última instancia, a China– y que, por lo tanto, Europa tendría que asumir la responsabilidad de “gestionar su propia seguridad”, lo que implicaba mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania. Europa cumplió con su parte: ha aumentado su gasto en defensa y ha redoblado su apoyo a Kiev, mediante el préstamo incluso de 90.000 millones de euros recientemente aprobado. Ahora estamos asistiendo a la progresión natural de esa lógica, a medida que Europa asume toda la carga financiera para la continuación de la guerra por poderes contra Rusia.

En resumen, los Estados Unidos no se están “desvinculando de Europa”; simplemente exigen que Europa contribuya más a la OTAN, sin dejar de estar firmemente integrados en la estructura de mando de la Alianza –en definitiva, que pague más por su propia subordinación–.

Esto exige una reevaluación de la estrategia general de Trump hacia Rusia. Aunque se le acusa habitualmente de “apaciguar a Putin” –con críticos que citan su recorte de la financiación norteamericana a Ucrania y sus intentos (fallidos) de negociar un acuerdo de paz–, la realidad es más compleja. Washington lleva mucho tiempo tratando de obligar a Europa a desvincularse del gas ruso y sustituirlo por GNL estadounidense, y la guerra en Ucrania les ha permitido lograrlo –hasta tal punto que cabe preguntarse si la estrategia norteamericana de décadas en Ucrania, desde ayudar a derrocar al gobierno elegido democráticamente en 2014 hasta atraer firmemente al país a la órbita informal de la OTAN, no se diseñó precisamente para provocar a los rusos y llevarlos a la guerra. La explosión del gasoducto Nord Stream debe entenderse siempre como parte de esta estrategia. Esto se hace aún más evidente a la luz de la última Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU, publicada en noviembre de 2025, que designa el “dominio energético norteamericano” en petróleo, gas, carbón y energía nuclear como una prioridad estratégica máxima, encuadrando explícitamente la expansión de las exportaciones energéticas norteamericanas como un medio de “proyectar poder”.

Esta lógica no sólo arroja luz sobre las campañas militares de los EEUU contra Venezuela e Irán, sino también sobre por qué, con el fin de mantener a Europa dependiente de la energía norteamericana y aislada de los suministros rusos, tiene Washington un interés estructural en que continúe la guerra por poderes. Por lo tanto, es fácil llegar a la conclusión de que los EEUU nunca fueron sinceros en sus intenciones de hacer las paces con Rusia. La única diferencia hoy en día es que la guerra ya no se libra solo a través de Ucrania, sino a través de la propia Europa.

En vista de ello, las aparentes “amenazas” de Estados Unidos de abandonar la OTAN –y el programa de rearme de la clase dirigente europea, sobre todo el de Alemania– se revelan como componentes de la misma estrategia: mantener a Europa subordinada a las prioridades geopolíticas norteamericanas. La nueva estrategia militar alemana no es más que el cumplimiento por parte de Berlín del papel que Washington le ha asignado: mantener la línea frente a Rusia mientras los Estados Unidos se orientan hacia el Indo-Pacífico y el hemisferio occidental. Esto no es nacionalismo, militar o de otro tipo, sino todo lo contrario: el menoscabo de los intereses fundamentales alemanes y europeos a manos de una élite transnacional.

Alemania debe entenderse como pilar de un nuevo núcleo europeizado de la OTAN, compuesto por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania

En este contexto, Alemania debe entenderse como pilar de un nuevo núcleo europeizado de la OTAN, compuesto por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque esta última se encuentre formalmente fuera de la Alianza). Esto también refleja un plan estadounidense de larga data. En el libro The Grand Chessboard [‘El gran tablero mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos estratégicos’ (Paidós, 1998)], el influyente diplomático polacoestadounidense Zbigniew Brzezinski predijo que “la colaboración política franco-germano-polaco-ucraniana… podría evolucionar hacia una asociación que potenciara la profundidad geoestratégica de Europa”, y añadió que “el objetivo geoestratégico central de los Estados Unidos en Europa puede resumirse de forma muy sencilla: consolidar, a través de una asociación transatlántica más genuina, la cabeza de puente de los EEUU en el continente euroasiático”.

Con ello debería disiparse cualquier idea residual de que lo que estamos presenciando equivale a un avance hacia la autonomía estratégica alemana o europea. No es casualidad que la nueva estrategia militar de Alemania identifique a Rusia como “amenaza más grave e inmediata” para la seguridad europea, una afirmación que forma parte de una descripción europea más amplia que advierte de una guerra inevitable con Moscú en los próximos años. A primera vista, esta postura antirrusa podría parecer que refleja una postura claramente “europea”, aparentemente en desacuerdo con la posición pública de Washington. Pero esto resulta en buena medida una ilusión. No sólo ha interiorizado a fondo el establishment transatlántico europeo las prioridades estratégicas de los Estados Unidos, sino que la jerarquía de mando de la OTAN deja clara la verdadera cadena de autoridad.

El control operativo real de la guerra por poderes contra Rusia sigue estando firmemente en manos angloamericanas. Al frente se encuentra el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE), con sede en Mons (Bélgica), que traduce las decisiones políticas en objetivos militares. El Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) –siempre un general norteamericano, que también ejerce como comandante del Mando Europeo de los EEUU– lo dirige junto con un adjunto británico. Un general alemán coordina el trabajo del Estado Mayor en calidad de jefe de Estado Mayor, pero la toma de decisiones efectiva recae en los dos mandos superiores.

Por debajo del SHAPE, el mando operativo se divide en dos ramas: tres mandos de fuerzas conjuntas (JFC), que son los auténticos comandantes de teatro para operaciones a gran escala, y tres mandos de componentes que abarcan el ámbito aéreo (Ramstein, Alemania), terrestre (Esmirna, Turquía) y marítimo (Northwood, Reino Unido). MARCOM, el mando marítimo, ha estado tradicionalmente bajo el liderazgo del Reino Unido, pero los Estados Unidos asumieron recientemente su control, situando los tres mandos de componentes bajo mando norteamericano –una consolidación significativa que ha pasado en gran medida inadvertida–. Hasta cuando un oficial europeo dirige un JFC –como el mando del JFC de Nápoles, que recientemente pasó de los Estados Unidos a Italia–, sigue bajo control norteamericano la dirección estratégica general; los comandantes de los JFC ejecutan los objetivos fijados por el SHAPE.

Existe una densa presencia de oficiales del Estado Mayor norteamericanos integrados en toda la estructura de mando de la OTAN en todos los niveles de la jerarquía

Hay otras dos dependencias estructurales que refuerzan el dominio norteamericano. La primera es el concepto C4ISR (Mando, Control, Comunicaciones, Informática, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento): los aliados europeos dependen casi por completo de las plataformas de satélite, aéreas y marítimas, de Estados Unidos para obtener inteligencia, vigilancia y localización de objetivos en tiempo real, lo que en conjunto constituye la columna vertebral de la capacidad de combate de la OTAN. De hecho, hasta el Wall Street Journal ha reconocido que las operaciones de ataque en profundidad de Ucrania dentro de Rusia –incluidas, recientemente, las dirigidas contra varias instalaciones de producción de petróleo– no podrían llevarse a cabo sin la inteligencia y las capacidades por satélite norteamericanas. La segunda dependencia, menos visible en el debate público, pero potencialmente más trascendental, es la densa presencia de oficiales del Estado Mayor norteamericanos integrados en toda la estructura de mando de la OTAN en todos los niveles de la jerarquía, lo que le otorga a Washington un control institucional que ningún cambio en los títulos de mando puede desplazar fácilmente.

Todo esto debería disipar cualquier idea de que los Estados Unidos no están profundamente implicados en la guerra de Ucrania, o de que tienen la intención de abandonar la OTAN y “desvincularse” realmente de Europa. Más allá de la estructura de mando, Estados Unidos opera numerosas bases e instalaciones militares en todo el continente, tanto en el marco de la OTAN como bajo control exclusivo estadounidense, que son indispensables para su proyección de poder a escala mundial. La base aérea de Ramstein, en Alemania –que alberga a unos 16.000 soldados– funciona como centro de control del tráfico de drones militares a escala mundial, al tiempo que coordina las operaciones aéreas norteamericanas en Europa, África y Oriente Medio.

Una investigación reciente del Wall Street Journal confirmaba que, a pesar de las protestas públicas de los líderes europeos, las bases norteamericanas en todo el continente han funcionado como infraestructura esencial para la guerra de los Estados Unidos contra Irán. Tal como afirmaba el artículo, “Europa sigue siendo la base de la proyección de la fuerza norteamericana en el mundo”. Hasta el secretario general de la OTAN, Rutte, describió recientemente el propósito de la OTAN como “plataforma de proyección de poder para los Estados Unidos”.

Otro elemento es lo que los analistas denominan “dividendos ocultos” de la OTAN: los contratos y pedidos para las industrias de defensa norteamericanas. Esta red de 1.300 acuerdos entre los 32 Estados miembros que establecen las normas para las armas y el equipamiento de la OTAN –que abarcan desde los calibres de munición hasta los diámetros de los depósitos de combustible– fue impuesta originariamente por Washington y favorece de manera abrumadora al complejo militar-industrial norteamericano.

El rearme alemán y europeo, por lo tanto, en el contexto de una OTAN supuestamente más “europea”, no está reforzando la autonomía europea, sino que la está erosionando aún más. No solo convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Washington, como demuestra la guerra con Irán, sino que, lo cual es aún más grave, está empujando al continente a un enfrentamiento potencialmente catastrófico con Rusia. Moscú está observando y respondiendo en consecuencia. En un discurso reciente, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, manifestó: “Se nos ha declarado abiertamente la guerra. Se está utilizando al régimen de Kiev como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más”. Lavrov añadió que los líderes occidentales están preparando activamente a sus ciudadanos para la guerra con Rusia –utilizando a Ucrania para ganar tiempo– y que Rusia se toma la amenaza muy en serio. No se pueden exagerar los peligros del camino que estamos recorriendo.

Cabe hacer una última observación. El historiador francés Emmanuel Todd ha sostenido que gran parte de lo que hoy se considera nacionalismo en Occidente –de Alemania al Japón– es, de hecho, una forma de nacionalismo “imaginario”: un vasallaje hacia los Estados Unidos disfrazado de soberanía. Contrasta esto con el nacionalismo “real”, una política genuinamente orientada a la soberanía que hoy en día brilla por su ausencia. El neomilitarismo alemán, como se ha argumentado aquí, encaja perfectamente en la primera categoría. Pero esto no significa que no pueda resurgir un “verdadero” nacionalismo alemán –con sus consiguientes aspiraciones de hegemonía continental–. La militarización de la sociedad alemana y el endurecimiento del sentimiento antirruso son fenómenos reales y cada vez más profundos. Al fin y al cabo, hay un precedente histórico. Hace un siglo, la clase dirigente angloamericana toleró el rearme militar nazi como baluarte antisoviético, sólo para que el monstruo alemán acabara zafándose de su correa. El contexto interno alemán actual es, obviamente, muy diferente –y, por supuesto, se puede argumentar, y esperar, que un “verdadero” nacionalismo alemán reconocería que los intereses genuinos del país residen en la paz y no en la guerra. Aun así, los paralelismos son imposibles de ignorar.

 


jueves, 21 de mayo de 2026

 



Elecciones andaluzas del 17 de mayo de 2026. Análisis y tendencias


Rafa Rodríguez

20/5/2026


Las elecciones andaluzas del 17 de mayo de 2026 han confirmado el cambio político iniciado en 2018, caracterizado por la sustitución del dominio del PSOE por el de la derecha, aunque han introducido algunos matices importantes.

En estas elecciones el sistema político andaluz ha girado en torno a la hegemonía del PP acompañada por la consolidación de VOX y por una recomposición aún abierta del espacio de la izquierda, condicionado por el protagonismo en la comunicación política del ecosistema digital que obliga a la reconstrucción del relato progresista clásico.

1.     Participación: regreso de la movilización electoral

La primera gran novedad de estas elecciones fue el aumento de la participación que alcanzó el 64,84%, casi seis puntos y medio más que en 2022 (58,36%).

Este aumento refleja varios factores: una campaña mucho más polarizada, la percepción de que la mayoría absoluta del PP podía estar en juego, la creciente importancia emocional de las campañas digitales y la sensación de entrada en un nuevo ciclo político. Andalucía ya no vivía unas autonómicas con una participación de “segundo orden”, sino unas elecciones plenamente nacionalizadas y emocionalizadas.

La mayor participación favoreció al bloque de la izquierda, aunque no lo suficiente como para alterar la hegemonía del bloque conservador.

2.             Los bloques: ligera recuperación de la izquierda, aunque hegemonía clara de la derecha

El bloque de derechas continúa siendo claramente dominante. La suma de PP, y VOX alcanzó 68 escaños frente a los 41 del bloque progresista. Aunque la derecha perdió cuatro parlamentarios respecto a 2022, mantiene una mayoría que consolida el cambio político iniciado en 2018.

Sin embargo, Andalucía muestra una evolución distinta a la observada en otras Comunidades como Extremadura, Aragón o Castilla y León. Mientras en esas elecciones la derecha reforzó su posición, en Andalucía sufrió cierto desgaste relativo debido al aumento de participación y a una recuperación parcial de la izquierda.

El bloque de derechas aumentó en conjunto 210.758 votos. El crecimiento provino de los 146.547 votos adicionales del PP, los 80.017 nuevos votos de VOX y los 105.761 obtenidos por SALF, el partido de Alvise.

A ello hay que restarle los 121.567 votos que obtuvo Ciudadanos en 2022 y que ha desaparecido prácticamente del mapa político andaluz.

Por su parte, el bloque progresista creció 272.738 votos adicionales, por los 233.762 votos ganados por Adelante Andalucía, los 59.388 nuevos votos del PSOE, menos los 20.412 votos perdidos Por Andalucía.

Por tanto, aunque la izquierda sigue siendo minoritaria en escaños, consiguió aumentar cerca de 62.000 votos más que el bloque de derechas. Esto indica que existe una cierta reactivación del espacio progresista, aunque todavía insuficiente frente a la derecha.

3.             El PP: victoria clara, pero pérdida de la mayoría absoluta

El PP volvió a ganar las elecciones en todas las provincias andaluzas y sigue siendo la fuerza dominante del sistema político andaluz. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta y pasó de 58 a 53 escaños.

Aunque aumentó más de 146.000 votos y alcanzó 1,73 millones de papeletas, la subida de la participación hizo que su porcentaje descendiera del 43,11% al 41,6%. La consecuencia fue la pérdida de cinco escaños y de la capacidad de gobernar sin pactar con VOX.

Un problema estratégico para Moreno Bonilla que, pese a su imagen moderada, queda obligado a depender de VOX para gobernar. Y precisamente esa dependencia es probablemente lo peor que le podía ocurrir a su proyecto político.

Durante años, Moreno había intentado construir una imagen de derecha moderada, institucional y autonomista, diferenciada de la radicalización y polarización madrileña de Ayuso. Sin embargo, la pérdida de la mayoría absoluta lo acerca de nuevo a la extrema derecha y limita su margen de centralidad política.

Aun así, el PP mantiene una posición sólida: controla la Junta, domina institucionalmente el territorio y continúa absorbiendo gran parte del antiguo voto de centro y del voto conservador tradicional, además de controlar la mayoría del ecosistema mediático andaluz.

4.             VOX: consolidación de una subcultura política de extrema derecha

VOX aumentó un escaño y superó los 576.000 votos, su mejor resultado histórico en unas autonómicas andaluzas y, aunque quedó lejos del objetivo simbólico del 15%, se ha convertido en fuerza decisiva para la gobernabilidad.

Más allá de los números, las elecciones confirman que VOX ya no es un fenómeno coyuntural, sino una subcultura política estable dentro de Andalucía.

Su fuerza se concentra especialmente las clases altas y en sectores vinculados a la agricultura intensiva con fuerte tensión alrededor de la inmigración, sectores dominados por una masculinidad resentida, voto identitario español, y sectores populares desideologizados afectados por la precariedad y la inseguridad.

VOX conecta además con una política emocional muy adaptada al ecosistema digital y favorecida por los algoritmos: mensajes simples, confrontación cultural, vídeos cortos, fuerte presencia en redes y construcción constante de antagonismos.

Los 121 mil votos de SALF demuestra además que existe un espacio político ultradigitalizado aún más ultraderechista y antipolítico, especialmente entre sectores jóvenes masculinos conectados a redes sociales.

5.             PSOE: leve recuperación, pero crisis persistente

El PSOE aumentó votos, pero volvió a obtener el peor resultado de su historia en Andalucía. La subida de participación evitó un escenario aún peor, pero el liderazgo de María Jesús Montero, que dejo la vicepresidencia y el ministerio en Madrid poco antes de las elecciones, no logró revertir la tendencia de fondo iniciada hace ya casi una década.

El problema del PSOE andaluz ya no es únicamente organizativo o electoral, es una crisis de identidad política y emocional. Durante muchas décadas, desde el comienzo de la Junta, representó en Andalucía una combinación de mejora social, modernización institucional e identificación con la construcción autonómica, aunque sin modificar a fondo las estructuras de subalternidad económica. Ese vínculo histórico se ha debilitado enormemente la falta de avances en la igualdad lastrados por la orientación neoliberal de muchas de sus políticas, la corrupción y porque ya no es suficiente una oferta política basada únicamente en la gestión institucional

El partido no consigue reconstruir una narrativa andaluza reconocible, una identidad emocional fuerte ni una base social claramente diferenciada del espacio estatal.

6.             Adelante Andalucía: el gran crecimiento de la izquierda alternativa

Otra novedad política de estas elecciones ha sido el ascenso de Adelante Andalucía que ha pasado de unos 170.000 votos a más de 400.000, alcanzando el 9,6% y cuadruplicando su representación parlamentaria, de dos a ocho diputados.

Además, superó claramente a Por Andalucía y se ha situado como la primera fuerza de la izquierda alternativa andaluza.

Su crecimiento refleja varios fenómenos simultáneos: la búsqueda de una izquierda con identidad andaluza propia, la conexión con un voto joven urbano y la nueva sensibilidad cultural andalucista, que demandan discursos más emocionales y territoriales, frente al desgaste emocional del electorado de los partidos que forman la coalición Por Andalucía.

Adelante Andalucía logró buenos resultados especialmente en Cádiz y Sevilla, donde ya tenía representación, pero también ha conseguido escaños en Huelva, Málaga, Córdoba y Granada.

Un liderazgo construido durante toda la legislatura, con presencia constante en las redes y en los conflictos sociales y territoriales, participando con la misma marca y los mismos símbolos, ha resultado clave. Adelante ha presentado una imagen andalucista de continuidad política y electoral. El crecimiento de Adelante refleja además una tendencia de la emergencia del espacio político andalucista de izquierdas

7.             Por Andalucía: resistencia institucional, pero retroceso político

Por Andalucía mantuvo sus cinco escaños, pero fue la única fuerza con representación parlamentaria que perdió votos, cediendo más de 20.000 papeletas.

Por Andalucía se ha presentado con una coalición ensamblada a última hora, con un liderazgo también elegido en los últimos meses y con una visualización solo de los partidos estatales. En estos contextos digitales acelerados, las recomposiciones improvisadas en el último momento suelen llegar demasiado tarde. No se ganan las elecciones en el tiempo de descuento.

La coalición ha ido apareciendo cada vez más como una prolongación de un espacio estatal en crisis, muy condicionado por el desgaste de un SUMAR sin candidato y sin referencia específica en Andalucía, que además ha prescindido de que se visualizara la presencia de Iniciativa del Pueblo Andaluz, un partido andalucista que ha apostado desde el principio por la unidad de la izquierda, así como de los partidos ecologistas que podían proporcionar pluralidad programática. Se ha percibido como la izquierda estatal en Andalucía frente a la izquierda Andalucista de Adelante.

La campaña volvió a evidenciar el desgaste emocional producido por años de encuentros y desencuentros entre las organizaciones de la coalición, que no quiso desplegar estructuras comunes en la base ni activar mecanismos participativos más allá de los acuerdos entre los dirigentes de los partidos que la componen.

El cambio interno que se ha producido en el grupo parlamentario tras estas elecciones es significativo: pasa de contar con tres diputados de Podemos, uno de IU y uno de Más País, a cuatro de IU y uno de Movimiento Sumar (antes Más País), lo que refleja el debilitamiento progresivo de Podemos y el fortalecimiento orgánico de IU dentro del espacio.

8.             Reorganización de la izquierda andaluza

Las elecciones muestran una reorganización del espacio de la izquierda. La izquierda alternativa suma unos 90.000 votos más que VOX, lo que demuestra que este espacio sigue teniendo un apoyo social relevante, aunque fragmentado, que gana peso frente al PSOE. La tendencia muestra que la reconfiguración del espacio de la izquierda alternativa debe afrontarse desde una lógica andaluza propia.

Además, las elecciones de 2026 confirman que el ecosistema político andaluz ya es plenamente digital. Las campañas emocionales, rápidas, audiovisuales, polarizadas e identitarias son ya dominantes. La política se desarrolla cada vez más en TikTok, Instagram, YouTube y los canales de mensajería con la utilización de la IA que en los medios tradicionales. Esto condiciona la simplificación de mensajes, la personalización del liderazgo, el conflicto cultural y la construcción emocional de identidades políticas.

La política andaluza ya forma parte plenamente de la nueva cultura política digital global, pero sobre todo demuestra que las elecciones no se ganan en el tiempo de descuento, sino que hay que empezar a pelearlas desde el mismo momento en el que se han celebrado las elecciones anteriores, con siglas y líderes estables, vinculados a la política y a los problemas de Andalucía, conectando la política diaria y la institucional con los referentes electorales, de forma que sean ampliamente conocidos e identificables.

9.             Perspectivas 2027

Es probable que coincidan las próximas elecciones generales, autonómicas y municipales previstas para el 30 de mayo de 2027, lo que por un lado complica la recomposición del espacio de la izquierda para disputarle la mayoría a la derecha, pero por otro pueden convertirse en el momento decisivo para el cambio hegemónico o por el contrario para la consolidación del actual ciclo político andaluz que comenzó en 2018.

La derecha parte con ventaja estructural, pero ha ido perdiendo parte del impulso expansivo de 2022 y queda dependiente de VOX, mientras que el electorado de izquierdas muestra signos de reactivación, especialmente en torno a la identidad política y territorial andaluza.

Andalucía entra así en una nueva fase política que va a depender de la coherencia para ofrecer en el espacio de la izquierda alternativa una sólida propuesta municipalista unitaria y participativa, conectada a una referencia estatal donde Andalucía tenga visibilidad propia. Como hemos insistido hasta la saciedad, no hay tiempo que perder porque falta solo un año.


miércoles, 20 de mayo de 2026

La Casa de Alba como en los viejos tiempos.

 





Ubicación de los pozos en la finca Aljóbar, con la balsa de riego en el centro.



La Casa de Alba ya tiene la autorización oficial definitiva para regularizar sus pozos ilegales junto a Doñana

  • La Confederación del Guadalquivir cierra así un proceso administrativo al que tiene derecho la propiedad, pero al que no recurrió hasta ser descubierta usando estas extracciones sin licencia. En paralelo, siguen su curso el expediente sancionador y la investigación judicial por expolio de agua y delito ambiental

Antonio Morente

Eldiario.es Sevilla —

 20/05/2026

La Casa de Alba ya tiene la autorización definitiva para regularizar sus pozos ilegales en su finca de Aljóbar en Aznalcázar (Sevilla), justo a las puertas de Doñana. Tras casi tres años de tramitación, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha dado el último paso para cerrar este procedimiento administrativo, una opción a la que puede acogerse la propiedad pero que sólo dio el paso cuando fue descubierta por primera vez –luego hubo una segunda– usando esas captaciones sin licencia. Esto no implica ni la paralización de los expedientes sancionadores abiertos por la propia CHG ni de la investigación judicial por pirateo de agua y daño ambiental, aunque en este último caso refuerza la defensa de Eurotécnica Agraria, la empresa familiar de los Martínez de Irujo que gestiona estas tierras.

La resolución definitiva (a la que ha tenido acceso este periódico) está firmada por la presidenta de la CHG, Gloria Martín, y por el comisario de Aguas, Alejandro Rodríguez, y supone el final esperado a un trámite que previamente ya había recibido el visto bueno de la Oficina de Planificación Hidrológica y de la propia Comisaría de Aguas. El documento impone diez condiciones específicas y 43 generales, ya aceptadas por la propiedad, para lo que técnicamente se conoce como transformación de derechos sobre aguas privadas a concesión de aguas públicas.

La Guardia Civil considera que con estos pozos se extrajo más agua de la que tiene autorizada Eurotécnica, lo que le habría permitido multiplicar sus regadíos y obtener así hasta cinco millones de euros de “beneficio ilegal” tras bombear sin licencia hasta 6.600 millones de litros durante once años. A esto hay que añadir un daño ambiental que, en total, podría ascender a 1,1 millones de euros. Ni la Confederación del Guadalquivir ni el Ministerio para la Transición Ecológica –al que pertenece este organismo estatal encargado de dar los derechos de agua– han querido hacer valoraciones sobre esta resolución, que por su parte considera “un escándalo que nadie entiende” Ecologistas en Acción, al que no ha llegado de manera oficial comunicación alguna pese a estar personado en el expediente administrativo.

Aljóbar tiene licencia para una balsa de almacenamiento de agua y para dos puntos de captación (uno de uso doméstico y otro para riego), aunque la Guardia Civil descubrió otros nueve sin licencia tras una denuncia de antiguos trabajadores de la finca. La CHG da ahora permiso para legalizar ocho de estas extracciones después de que durante la tramitación del expediente no pusieran reparos dos consejerías de la Junta de Andalucía, la de Agricultura y la de Medio Ambiente, que sólo apuntaron que uno de los pozos se asienta en una Zona de Especial Conservación (ZEC), concretamente un enclave de la Red Natura 2000, pero con la conclusión de que no tiene una especial afección.

Las claves para dar luz verde

La menor de las captaciones autorizada tiene una profundidad de 27 metros y un diámetro de metro y medio, aunque la mayoría ahondan hasta los 32 metros y la circunferencia de la más grande es de 4,5 metros. En todos los casos, la potencia máxima de las bombas no puede exceder de los 17 caballos de vapor (CV). El objetivo es regar 161,41 hectáreas en total, 94,11 de naranjos y 67,30 de olivar.

Esta reordenación del régimen de regadío es una opción que recoge la Ley de Aguas y a la que todo propietario tiene derecho. Junto a ello, la Confederación ha dado su visto bueno en base a los argumentos que ya esgrimió en su primer informe en 2023: por un lado, no se va a consumir más agua de la que tiene autorizada ahora la propiedad, y por otro repartir los puntos de extracción entre diez pozos mejorará la hidrodinámica del acuífero. Esto es así porque evitar la formación de un cono de depresión si se horada a más profundidad para extraer desde un único punto.

Aljóbar tiene licencia para extraer 605.150 metros cúbicos anuales, un volumen que se queda igual pese al incremento de unas captaciones que se hacen del acuífero Aljarafe Sur, que pese a su cercanía no es el principal que alimenta a Doñana. No obstante, en su investigación la Guardia Civil considera que estas masas de agua están interconectadas y que el exceso de bombeo que se habría producido habría dañado al parque nacional.

“Una noticia que no sorprende”

Con todos estos factores de por medio, Ecologistas en Acción, que está personada tanto en este expediente administrativo como en la causa penal, ha lamentado la resolución que regulariza los pozos. “Si bien es una noticia que no sorprende”, ya que los informes hasta ahora habían sido favorables, “no deja de ser llamativo que la Administración que debe velar por el interés general en la gestión del agua en la demarcación del Guadalquivir sea la que más ha contribuido a que los supuestos delitos queden en nada”, denuncia Antonio Amarillo, coordinador del Área de Agua de la organización.

Amarillo critica también que a la CHG “tampoco le ha importado que no hayan acabado las diligencias de investigación que se están llevando a cabo en el juzgado de Sanlúcar la Mayor” por un delito contra el medio ambiente. “Es un escándalo que nadie entiende”, lamenta, y es que a su juicio el que sea “algo lógico” lo que pide Eurotécnica (repartir las extracciones de más puntos dentro de la finca para no crear un cono de depresión, no usar más agua de la concedida y ajustar los cultivos al agua disponible), “no le exime de los hechos que denuncia y atestigua el Seprona”, el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil.

En cuanto a la instrucción judicial, en su último auto el magistrado denegó una nueva prórroga de seis meses como pedía la Fiscalía al considerar que “la investigación de los hechos se encuentra prácticamente agotada”. Las últimas diligencias han sido la declaración de las agentes del Seprona que hicieron el informe de daños y de un perito de la defensa que ha firmado un contrainforme para intentar desmontar la investigación de la Guardia Civil.

 

Durante esta fase de instrucción, por cierto, no han sido llamados a declarar ante el juez ni los antiguos trabajadores que denunciaron los pozos ilegales ni los Martínez de Irujo, hermanos del duque de Alba, que integran el consejo de administración de Eurotécnica Agraria, pese a que la Fiscalía pidió su imputación. El único investigado hasta la fecha es un sobrino, Luis Martínez de Irujo Hohenlohe-Langenburg, duque de Aliaga y primer nieto de Cayetana de Alba, al que la defensa presenta como el máximo responsable de Aljóbar.

 

 


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