El mayor humedal de España se seca intencionadamente tan solo un mes después del récord de lluvias
Vista del estado actual de una zona de La Janda, donde se encontraba el mayor humedal de España.
El País. 20/4/2026
Foto: Antonio Alba
La Janda, en Cádiz, pierde el agua
acumulada por los sistemas de desecación que instauró Franco para ceder las
tierras a latifundistas, hoy permitido por las Administraciones
La Janda (Cádiz), el mayor humedal de la
Península Ibérica y el complejo lagunar más meridional de Europa, se ha secado
tan solo un mes después del récord de precipitaciones registrado en la zona.
Mientras España acumula una reserva hídrica media del 83,7% de su capacidad total y la cuenca de
Guadalete-Barbate, a la que pertenece La Janda, hasta tres puntos más, las
6.125 hectáreas inundables y declaradas de dominio público en esta comarca
gaditana vuelven al estado en las que las dejó la dictadura franquista cuando,
con la excusa de combatir el paludismo (malaria), desecó una superficie similar
a París o a 10 veces la ciudad de Cádiz para destinarla a cultivos. Lo perpetró
en este enclave andaluz, Galicia (Lagoa de Antela) y Castilla y León (La Nava).
En algunas zonas afectadas se han puesto en marcha incipientes procesos de
restauración, pero en Andalucía, los desagües artificiales construidos durante el franquismo aún siguen abiertos y destrozando uno de los
humedales más importantes de Europa para favorecer a grandes explotaciones
agrícolas.
La Janda se ha secado porque así lo
decidió el dictador Francisco Franco a mediados de los años cuarenta y nadie lo
ha revertido en ocho décadas. Con el pretexto de prevenir las enfermedades
transmitidas por los mosquitos, desarrolló un eficaz sistema para vaciar
grandes lagunas que, en algunas zonas, según relata Antonio Aguilera,
economista, naturalista y secretario general de la Fundación
Savia, “cuentan con desagües por los que
caben camiones”. El aprovechamiento de gran parte de la zona desecada se
concedió a familias del régimen (cientos de hectáreas son explotadas por Las
Lomas, entidad de la familia Mora-Figueroa Domecq) que están hoy entre las
mayores perceptoras de ayudas agrícolas europeas. A pesar de que el Tribunal Supremo reconoció
en 1967 que más de 6.000 hectáreas son del Estado, ninguna Administración ha
ejecutado su recuperación.
El efecto en la comarca gaditana y en
otros dos sistemas lagunares donde aplicó la misma política depredadora de agua
(Nava y Antela) no fue solo la destrucción de humedales que la investigadora de
la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Margarita Florencio califica
de “oasis de vida que albergan una fauna y flora singulares, únicas y en gran
parte amenazadas”. La desecación expulsó a entre el 50% y el 60% de la
población y dejó a medio centenar de municipios sin recursos de prosperidad
comunitaria. “Fue un error histórico, pero se puede revertir”, afirma Aguilera.
El secretario de Estado de Medio
Ambiente, Hugo Morán (Miteco), ha propuesto una mesa de diálogo para
la recuperación de este y otros humedales, como exige y financia la Unión Europea. El secretario general de agua, Ramiro Angulo (Junta
de Andalucía), se mostró dispuesto, según expuso en una reunión el pasado 16 de
abril. Sin embargo, según detalla Francisco Casero, presidente de la Fundación
Savia, uno de los colectivos implicados en la recuperación de la Janda, estas
declaraciones se contradicen con el documento previo a la ordenación de la cuenca
Guadalete-Barbate hasta 2033, de responsabilidad
autonómica, donde “no se considera” la regeneración de la laguna. En este
sentido, la fundación Savia ha reclamado “que se incluya la recuperación de La
Janda en los planes de cuenca” y los de ordenación del territorio a partir de
su declaración judicial como de dominio público y del apoyo de decenas de
entidades, todos los ayuntamientos de la zona y la Diputación de Cádiz.
Como las mesas de diálogo de las
Administraciones rara vez culminan en resoluciones eficaces, una decena de
entidades conservacionistas, con la colaboración del Ayuntamiento de
Barbate, ha resuelto asumir la gestión de una parte de la zona comunitaria conocida como Hazas de la
Suerte para “demostrar, con la propia experiencia y la implicación, que es
factible, viable y beneficioso” recuperar la laguna, según ha trasladado Casero
al presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, en un escrito del pasado
febrero.
La iniciativa tiene su referente en la que promueve Fernando Jubete, de la Asociación de Naturalistas Palentinos, en La Nava (Palencia), también desecada por el franquismo. Jubete relata que el 60% de la población emigró con la pérdida de este recurso y que se propuso, en los años noventa, recuperar 500 hectáreas que quedaron en gran parte como pastizales municipales. “Empezamos por 60 hectáreas y el proyecto fue un éxito rápidamente”, explica. Al contrario que con La Janda en Andalucía, la Nava sí fue incluida en el anterior plan hidrológico de cuenca como una zona a restaurar y el Gobierno se implicó en todo el programa, incluyendo presupuesto. Aún quedan cosas por hacer, pero Jubete adelanta que “la recuperación ya ha generado riqueza y empleo”: “La biodiversidad y los humedales, y eso nadie lo pone en duda a estas alturas, suponen un auténtico cambio socioeconómico”.
También ha emprendido este camino la
Laguna de La Antela (Ourense), víctima también del franquismo. Serafín
González, es naturalista y presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural, que, en
colaboración con un ganadero local y una comunidad de montes vecinales, ha
recuperado 30 hectáreas, menos de un 1% de la extensión que arrasó el dictador.
“Esta iniciativa es para nosotros muy importante porque hemos demostrado que se
puede colaborar con la población local para mantener y recuperar una zona
beneficiando a todos, a la biodiversidad y a la ganadería sostenible”, afirma
González.
De la zona también se marchó un 60% de
los vecinos por los planes para favorecer un modelo de desarrollo de
transformaciones agrícolas intensivas. “No sirvió en absoluto para estabilizar
la población y mejorar sus condiciones”, lamenta.
El efecto pernicioso generalizado sobre
los humedales de esta agricultura intensiva, unida a los factores climáticos,
lo ha puesto de manifiesto un equipo de la Estación Biológica de Doñana y la
Universidad Autónoma de Madrid, que ha documentado, en un estudio publicado
en Journal of Environmental Management, la desaparición
del 22% de las lagunas temporales de la España peninsular en las últimas dos
décadas. “Los impactos derivados de la acción humana se podrían evitar si se
toman medidas adecuadas”, concluye la investigación.
Florencio, la investigadora del CSIC
coautora del estudio, señala los humedales como “hábitats prioritarios para la
conservación por su gran biodiversidad y su extrema vulnerabilidad ante cambios
en su entorno”. “España alberga una de las mayores representaciones de este
tipo de hábitat en Europa, por lo que tenemos un papel importante en su
conservación”, explica.
Durante el estudio de 1.303 lagunas
temporales durante dos años, a partir de imágenes de Google Earth Pro de alta
resolución espacial, se observó que un alto porcentaje de ellas, en concreto
cerca del 22%, había desaparecido, según informa el CSIC.
“La mayoría de estos impactos son de origen agrícola, como el arado de bordes y cubetas, las canalizaciones y los ahondamientos artificiales”, afirma Christian Arnanz, investigador de la UAM y la EBD y coautor del artículo. “A estos se suman otras amenazas como la colonización de las cubetas por vegetación terrestre, la urbanización, la presencia de ganado con evidencias de estabulación y el rodaje de vehículos”. Además, estos impactos suelen estar asociados a otros impactos no detectables con la metodología utilizada —como la sobreexplotación de acuíferos y la exposición a agroquímicos— lo que sugiere un alcance de degradación aún mayor
El estudio también ha constatado una
reducción de la frecuencia de inundación de estas lagunas, especialmente en los
meses de otoño. Este fenómeno se asocia tanto a factores climáticos, como
temperaturas máximas y precipitaciones acumuladas, como a las principales
prácticas agrícolas intensivas identificadas, especialmente el arado de las
cubetas y la presencia de canalizaciones.
Pero el grupo de investigadores, al
igual que los impulsores de la regeneración de espacios desecados por el
franquismo, considera que la situación es reversible. “Los impactos que hemos
observado derivados de la acción humana se podrían evitar si se toman medidas
adecuadas”, afirma Arnanz. Se refiere a aumentar las zonas protegidas,
monitorizar el territorio, implicar a la sociedad e implementar incentivos
económicos para asegurar prácticas agrícolas que beneficien al humedal.
Los autores del trabajo coinciden con
los implicados en La Janda, La Nava y Antela en que es prioritaria la
restauración de las lagunas desaparecidas y la recuperación del funcionamiento
hidrológico de las zonas alteradas.
“Las lagunas temporales son un
patrimonio natural incalculable. Además de su valor ecológico, aportan
importantes beneficios a la sociedad, como la regulación del clima a escala
local, el almacenamiento de carbono, el control de nutrientes y la conservación
de la biodiversidad. También constituyen espacios de gran valor paisajístico y
cultural. Es importante despertar la concienciación social para la conservación
de estos ecosistemas únicos que conforman nuestro patrimonio natural, para que
así todas las generaciones los podamos disfrutar”, concluye Florencio.