Elecciones andaluzas del 17 de mayo de 2026. Análisis y tendencias
Rafa Rodríguez
20/5/2026
Las elecciones
andaluzas del 17 de mayo de 2026 han confirmado el cambio político iniciado en
2018, caracterizado por la sustitución del dominio del PSOE por el de la
derecha, aunque han introducido algunos matices importantes.
En estas elecciones el
sistema político andaluz ha girado en torno a la hegemonía del PP acompañada
por la consolidación de VOX y por una recomposición aún abierta del espacio de
la izquierda, condicionado por el protagonismo en la comunicación política del
ecosistema digital que obliga a la reconstrucción del relato progresista
clásico.
1. Participación: regreso
de la movilización electoral
La primera gran
novedad de estas elecciones fue el aumento de la participación que alcanzó el
64,84%, casi seis puntos y medio más que en 2022 (58,36%).
Este aumento refleja
varios factores: una campaña mucho más polarizada, la percepción de que la
mayoría absoluta del PP podía estar en juego, la creciente importancia
emocional de las campañas digitales y la sensación de entrada en un nuevo ciclo
político. Andalucía ya no vivía unas autonómicas con una participación de
“segundo orden”, sino unas elecciones plenamente nacionalizadas y
emocionalizadas.
La mayor participación
favoreció al bloque de la izquierda, aunque no lo suficiente como para alterar
la hegemonía del bloque conservador.
2.
Los bloques: ligera recuperación de la izquierda,
aunque hegemonía clara de la derecha
El bloque de derechas
continúa siendo claramente dominante. La suma de PP, y VOX alcanzó 68 escaños
frente a los 41 del bloque progresista. Aunque la derecha perdió cuatro
parlamentarios respecto a 2022, mantiene una mayoría que consolida el cambio
político iniciado en 2018.
Sin embargo, Andalucía
muestra una evolución distinta a la observada en otras Comunidades como
Extremadura, Aragón o Castilla y León. Mientras en esas elecciones la derecha
reforzó su posición, en Andalucía sufrió cierto desgaste relativo debido al
aumento de participación y a una recuperación parcial de la izquierda.
El bloque de derechas
aumentó en conjunto 210.758 votos. El crecimiento provino de los 146.547 votos
adicionales del PP, los 80.017 nuevos votos de VOX y los 105.761 obtenidos por
SALF, el partido de Alvise.
A ello hay que
restarle los 121.567 votos que obtuvo Ciudadanos en 2022 y que ha desaparecido
prácticamente del mapa político andaluz.
Por su parte, el
bloque progresista creció 272.738 votos adicionales, por los 233.762 votos
ganados por Adelante Andalucía, los 59.388 nuevos votos del PSOE, menos los
20.412 votos perdidos Por Andalucía.
Por tanto, aunque la
izquierda sigue siendo minoritaria en escaños, consiguió aumentar cerca de
62.000 votos más que el bloque de derechas. Esto indica que existe una cierta
reactivación del espacio progresista, aunque todavía insuficiente frente a la
derecha.
3.
El PP: victoria clara, pero pérdida de la mayoría
absoluta
El PP volvió a ganar
las elecciones en todas las provincias andaluzas y sigue siendo la fuerza
dominante del sistema político andaluz. Sin embargo, perdió la mayoría absoluta
y pasó de 58 a 53 escaños.
Aunque aumentó más de
146.000 votos y alcanzó 1,73 millones de papeletas, la subida de la
participación hizo que su porcentaje descendiera del 43,11% al 41,6%. La
consecuencia fue la pérdida de cinco escaños y de la capacidad de gobernar sin
pactar con VOX.
Un problema
estratégico para Moreno Bonilla que, pese a su imagen moderada, queda obligado
a depender de VOX para gobernar. Y precisamente esa dependencia es
probablemente lo peor que le podía ocurrir a su proyecto político.
Durante años, Moreno
había intentado construir una imagen de derecha moderada, institucional y
autonomista, diferenciada de la radicalización y polarización madrileña de
Ayuso. Sin embargo, la pérdida de la mayoría absoluta lo acerca de nuevo a la
extrema derecha y limita su margen de centralidad política.
Aun así, el PP
mantiene una posición sólida: controla la Junta, domina institucionalmente el
territorio y continúa absorbiendo gran parte del antiguo voto de centro y del
voto conservador tradicional, además de controlar la mayoría del ecosistema
mediático andaluz.
4.
VOX: consolidación de una subcultura política de
extrema derecha
VOX aumentó un escaño
y superó los 576.000 votos, su mejor resultado histórico en unas autonómicas
andaluzas y, aunque quedó lejos del objetivo simbólico del 15%, se ha
convertido en fuerza decisiva para la gobernabilidad.
Más allá de los
números, las elecciones confirman que VOX ya no es un fenómeno coyuntural, sino
una subcultura política estable dentro de Andalucía.
Su fuerza se concentra
especialmente las clases altas y en sectores vinculados a la agricultura
intensiva con fuerte tensión alrededor de la inmigración, sectores dominados
por una masculinidad resentida, voto identitario español, y sectores populares
desideologizados afectados por la precariedad y la inseguridad.
VOX conecta además con
una política emocional muy adaptada al ecosistema digital y favorecida por los
algoritmos: mensajes simples, confrontación cultural, vídeos cortos, fuerte
presencia en redes y construcción constante de antagonismos.
Los 121 mil votos de
SALF demuestra además que existe un espacio político ultradigitalizado aún más
ultraderechista y antipolítico, especialmente entre sectores jóvenes masculinos
conectados a redes sociales.
5.
PSOE: leve recuperación, pero crisis persistente
El PSOE aumentó votos,
pero volvió a obtener el peor resultado de su historia en Andalucía. La subida
de participación evitó un escenario aún peor, pero el liderazgo de María Jesús
Montero, que dejo la vicepresidencia y el ministerio en Madrid poco antes de
las elecciones, no logró revertir la tendencia de fondo iniciada hace ya casi
una década.
El problema del PSOE
andaluz ya no es únicamente organizativo o electoral, es una crisis de
identidad política y emocional. Durante muchas décadas, desde el comienzo de la
Junta, representó en Andalucía una combinación de mejora social, modernización
institucional e identificación con la construcción autonómica, aunque sin
modificar a fondo las estructuras de subalternidad económica. Ese vínculo
histórico se ha debilitado enormemente la falta de avances en la igualdad
lastrados por la orientación neoliberal de muchas de sus políticas, la
corrupción y porque ya no es suficiente una oferta política basada únicamente
en la gestión institucional
El partido no consigue
reconstruir una narrativa andaluza reconocible, una identidad emocional fuerte
ni una base social claramente diferenciada del espacio estatal.
6.
Adelante Andalucía: el gran crecimiento de la
izquierda alternativa
Otra novedad política
de estas elecciones ha sido el ascenso de Adelante Andalucía que ha pasado de
unos 170.000 votos a más de 400.000, alcanzando el 9,6% y cuadruplicando su
representación parlamentaria, de dos a ocho diputados.
Además, superó
claramente a Por Andalucía y se ha situado como la primera fuerza de la
izquierda alternativa andaluza.
Su crecimiento refleja
varios fenómenos simultáneos: la búsqueda de una izquierda con identidad
andaluza propia, la conexión con un voto joven urbano y la nueva sensibilidad
cultural andalucista, que demandan discursos más emocionales y territoriales,
frente al desgaste emocional del electorado de los partidos que forman la
coalición Por Andalucía.
Adelante Andalucía
logró buenos resultados especialmente en Cádiz y Sevilla, donde ya tenía
representación, pero también ha conseguido escaños en Huelva, Málaga, Córdoba y
Granada.
Un liderazgo
construido durante toda la legislatura, con presencia constante en las redes y
en los conflictos sociales y territoriales, participando con la misma marca y
los mismos símbolos, ha resultado clave. Adelante ha presentado una imagen
andalucista de continuidad política y electoral. El crecimiento de Adelante
refleja además una tendencia de la emergencia del espacio político andalucista
de izquierdas
7.
Por Andalucía: resistencia institucional, pero
retroceso político
Por Andalucía mantuvo
sus cinco escaños, pero fue la única fuerza con representación parlamentaria
que perdió votos, cediendo más de 20.000 papeletas.
Por Andalucía se ha
presentado con una coalición ensamblada a última hora, con un liderazgo también
elegido en los últimos meses y con una visualización solo de los partidos
estatales. En estos contextos digitales acelerados, las recomposiciones
improvisadas en el último momento suelen llegar demasiado tarde. No se ganan
las elecciones en el tiempo de descuento.
La coalición ha ido
apareciendo cada vez más como una prolongación de un espacio estatal en crisis,
muy condicionado por el desgaste de un SUMAR sin candidato y sin referencia
específica en Andalucía, que además ha prescindido de que se visualizara la
presencia de Iniciativa del Pueblo Andaluz, un partido andalucista que ha
apostado desde el principio por la unidad de la izquierda, así como de los partidos
ecologistas que podían proporcionar pluralidad programática. Se ha percibido
como la izquierda estatal en Andalucía frente a la izquierda Andalucista de
Adelante.
La campaña volvió a
evidenciar el desgaste emocional producido por años de encuentros y
desencuentros entre las organizaciones de la coalición, que no quiso desplegar
estructuras comunes en la base ni activar mecanismos participativos más allá de
los acuerdos entre los dirigentes de los partidos que la componen.
El cambio interno que
se ha producido en el grupo parlamentario tras estas elecciones es
significativo: pasa de contar con tres diputados de Podemos, uno de IU y uno de
Más País, a cuatro de IU y uno de Movimiento Sumar (antes Más País), lo que
refleja el debilitamiento progresivo de Podemos y el fortalecimiento orgánico
de IU dentro del espacio.
8.
Reorganización de la izquierda andaluza
Las elecciones
muestran una reorganización del espacio de la izquierda. La izquierda
alternativa suma unos 90.000 votos más que VOX, lo que demuestra que este
espacio sigue teniendo un apoyo social relevante, aunque fragmentado, que gana
peso frente al PSOE. La tendencia muestra que la reconfiguración del espacio de
la izquierda alternativa debe afrontarse desde una lógica andaluza propia.
Además, las elecciones
de 2026 confirman que el ecosistema político andaluz ya es plenamente digital.
Las campañas emocionales, rápidas, audiovisuales, polarizadas e identitarias
son ya dominantes. La política se desarrolla cada vez más en TikTok, Instagram,
YouTube y los canales de mensajería con la utilización de la IA que en los
medios tradicionales. Esto condiciona la simplificación de mensajes, la
personalización del liderazgo, el conflicto cultural y la construcción
emocional de identidades políticas.
La política andaluza
ya forma parte plenamente de la nueva cultura política digital global, pero
sobre todo demuestra que las elecciones no se ganan en el tiempo de descuento,
sino que hay que empezar a pelearlas desde el mismo momento en el que se han
celebrado las elecciones anteriores, con siglas y líderes estables, vinculados
a la política y a los problemas de Andalucía, conectando la política diaria y
la institucional con los referentes electorales, de forma que sean ampliamente
conocidos e identificables.
9.
Perspectivas 2027
Es probable que
coincidan las próximas elecciones generales, autonómicas y municipales
previstas para el 30 de mayo de 2027, lo que por un lado complica la
recomposición del espacio de la izquierda para disputarle la mayoría a la
derecha, pero por otro pueden convertirse en el momento decisivo para el cambio
hegemónico o por el contrario para la consolidación del actual ciclo político
andaluz que comenzó en 2018.
La derecha parte con
ventaja estructural, pero ha ido perdiendo parte del impulso expansivo de 2022
y queda dependiente de VOX, mientras que el electorado de izquierdas muestra
signos de reactivación, especialmente en torno a la identidad política y
territorial andaluza.
Andalucía entra así en
una nueva fase política que va a depender de la coherencia para ofrecer en el
espacio de la izquierda alternativa una sólida propuesta municipalista unitaria
y participativa, conectada a una referencia estatal donde Andalucía tenga
visibilidad propia. Como hemos insistido hasta la saciedad, no hay tiempo que
perder porque falta solo un año.