domingo, 12 de abril de 2026

MANIFIESTO POR LA DEROGACIÓN DE LOS ACUERDOS CON LA SANTA SEDE


Javier Sádaba, Nieves Concostrina, Benito Zambrano, Nazanin Armanian, Leo Bassi, Javier Pérez Royo, Juan José Tamayo, Rosa Cañadell, Javier Ruibal, Julio Rodríguez, Lidia Falcón y una larga lista de escritores, académicos, artistas y activistas y colectivos sociales apoyan el manifiesto promovido por Europa Laica demandando el fin de los privilegios de la Iglesia.



 

Censura al patrimonio de la humanidad: el flamenco como cultura

 

Con la suspensión de la actuación de Consuelo Haldón en la Peña Flamenca El Higueral (Huelva), he sido consciente de la infravaloración social que tiene el flamenco en nuestra tierra. El flamenco molesta. Como molesta la cultura. Porque todo lo que hace pensar y abrir la mente molesta.



sábado, 11 de abril de 2026

El mundo regido por el conejo de Pascua.

 





Antonio Ramírez de Arellano. Antonio Valverde Asencio

Hace un año comenzamos... La Voz del Sur. 11/4/2026


Hace un año comenzamos a escribir una columna quincenal en lavozdelsur.es.  Agradecidos a los editores por la oportunidad que nos brindaban, nos propusimos poner por escrito algunas de las reflexiones comunes que surgían, muchas de ellas de manera recurrente, tras largos años de conversaciones derivadas del trabajo conjunto y de amistad.  El propósito era simple: compartir algunas ideas que intentaran sobrevolar el discurso habitual, inmediato y mediático, para centrarnos en unos “primeros principios” que evitaran en lo posible la confrontación interesada y buscaran puntos de acercamiento común sobre aspectos básicos de nuestra convivencia.

Si de estas “columnas” pudiéramos destacar algunos conceptos clave, estos podrían ser, además de la incertidumbre, el rechazo a la polarización, el riesgo de vivir en un momento de fomento de la ignorancia, el excesivo individualismo y, por supuesto, el temor confirmado de consolidar el populismo como forma de ejercer el poder y la tentación de recurrir al mismo, aspectos todos que, al final, son parte de una misma realidad.  También hemos insistido en la necesidad de buscar el acuerdo y huir de la mera tenencia del poder como forma o aspiración de gobierno, en la defensa del necesario respeto a las instituciones democráticas – y el propio deber de éstas de hacerse respetar – y, por supuesto, en la búsqueda de un bien común, que podría partir de la defensa de unos servicios públicos elementales como son la educación, la sanidad o el sistema de protección social.  Sobre estos factores elementales, junto con la labor imprescindible de insistir en fórmulas que permitan articular la sociedad en lugar de crear antagonismos artificiales y la necesidad de asentar la confianza, deberíamos construir una idea de país coherente con la situación mundial.

Comenzamos en nuestra primera columna hablando del riesgo de un nuevo desorden mundial.  Y aquello que presentábamos como una temida posibilidad se ha confirmado con creces.  El caos caracteriza las relaciones internacionales, basadas en una especie de derecho de conquista alejado del más mínimo respeto al derecho internacional y de valores indispensables, que deberían ser ineludibles para cualquier persona de buena fe.  Pero, es más, este caos es una realidad que amenaza en convertirse (de manera interesadamente provocada) en una forma transversal de relación social, consolidando discursos disruptivos e identitarios de la peor calaña, sin más fundamento real que romper la convivencia y esconder intereses no confesables.  No es un caos regenerativo de un orden obsoleto.  Es la representación más evidente de la confusión de intereses espurios con la gestión de lo público, cuyo único patrón reconocible es la ambición personal y la acumulación de riqueza a través de nuevos instrumentos de control social y económico, que no repara en un mínimo comportamiento ético y que busca anticipar la posición de una oligarquía insolidaria a una nueva realidad, que empieza a configurarse.  Es, como decimos, la respuesta anticipada a los retos que como sociedad supone un futuro del que pretenden apropiarse unos pocos. 

Para ello ha sido necesario configurar un nuevo modelo social silente.  Ha hecho falta construir, como decimos, un discurso individualista, alejado de cualquier pretensión colectiva, que no ha tenido empacho en volver a plantear como válido el supremacismo racista basado en pretendidos valores tradicionales, queriendo además conectar, curiosamente, con las clases más desfavorecidas en la identificación de enemigos comunes.  No se trata sino de ahondar en la xenofobia; en el uso del miedo al otro, al diferente, como medio apropiado de control social.  Esta confusión de intereses se ha mostrado sin ambages.  Hasta tal punto es así que, en los recientes conflictos, ni siquiera se acude a la excusa de la defensa de derechos fundamentales esenciales para intentar justificar las acciones militares que se multiplican.

No han dudado en crear un mundo más inseguro convirtiendo la incertidumbre en parte de nuestras vidas y acudiendo al miedo como instrumento de control.  Mientras escribíamos estas líneas el presidente Trump amenazaba con destruir una civilización como si esta “solución final” no mereciera la peor de las repulsas, y como si entre la soflama y el ridículo no escondiera la decadencia de un imperio gobernado por el Calígula de nuestro tiempo. 


La sociedad tecnificada, esa que espera el desarrollo de sistemas inteligentes que venían a ser parte de la panacea de una sociedad mejor, nos ha traído, por el contrario, la ignorancia, un individualismo exacerbado, un control aparentemente consentido de nuestras vidas y una tecno oligarquía que, despojada de su apariencia inicial, no ha dudado en optar por un populismo iliberal que está destruyendo las formas de conciencia colectiva y de búsqueda del necesario bien común.

domingo, 5 de abril de 2026

Urna Abierta

 

¿La última oportunidad?

El escenario político andaluz se enfrenta a una realidad ineludible: el tiempo del socialismo como fuerza hegemónica absoluta ha quedado atrás. Las encuestas actuales dibujan un panorama sombrío para el PSOE-A, situándolo en una banda del 20-26% de los votos, lo que supondría, en algunos casos, repetir o incluso empeorar su peor resultado histórico. Hoy por hoy, el socialismo es incapaz de alcanzar por sí solo la mayoría necesaria para gobernar, y cualquier intento de recuperar San Telmo pasa por una estrategia de movilización masiva y, sobre todo, por una articulación inteligente con el espacio a su izquierda.

El sistema electoral penaliza de forma directa la fragmentación de la izquierda, convirtiéndose en un factor determinante para que la derecha mantenga su hegemonía. Según las fuentes, los efectos principales serían los siguientes:

  • Pérdida de votos bajo los umbrales provinciales: La división provoca que muchos votos progresistas se desperdicien al no alcanzar el mínimo necesario en cada provincia para obtener representación. Una candidatura unitaria, por el contrario, permitiría una mejor traducción en escaños de cada punto de voto obtenido.
  • Ventaja estructural para la derecha: El Partido Popular cuenta con que la izquierda llegue dividida para que el sistema electoral "haga el resto del trabajo". La unidad de la izquierda restaría al PP parte de esa ventaja estructural que hoy le facilita rozar o revalidar mayorías absolutas.
  • Conversión en "actores marginales": En lugar de ser socios imprescindibles para un gobierno, la fragmentación obliga a las fuerzas a la izquierda del PSOE a convertirse en actores marginales que pelean por sobrevivir en cada provincia. Esto ya se observó en 2022, cuando la división provocó que el espacio a la izquierda del socialismo obtuviera menos de la mitad de los escaños que habían logrado cuando concurrieron juntos en 2018.
  • Desmovilización del electorado: Más allá de la aritmética, la división transmite una sensación de "caos" que desincentiva a los sectores abstencionistas. La falta de un proyecto reconocible y unido dificulta la movilización masiva de cientos de miles de votantes necesaria para revertir la actual ventaja de la derecha.
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jueves, 2 de abril de 2026

II Congreso de Europa Laica: 25 años de laicismo. Por la libertad de conciencia


 

Europa Laica celebrará los días 17, 18 y 19 de abril de 2026 su II Congreso, bajo el lema «25 años de laicismo. Por la libertad de conciencia», coincidiendo con el 25 aniversario de la asociación.

Será un hito para revisar colectivamente su orientación programática y su estructura organizativa, abriendo una nueva etapa en la consolidación del movimiento laicista.

Tras un cuarto de siglo de trabajo continuado en defensa del Estado laico, de la libertad de conciencia y de los principios y valores republicanos de convivencia democrática, Europa Laica ha decidido aprovechar este aniversario para repensar sus fines y prioridades a la luz de la experiencia acumulada.

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No más guerras por combustibles fósiles: ¡Renovables propias ya!

 


Greenpeace

Los combustibles fósiles no solo generan cambio climáticodestruyen ecosistemas y enferman a las comunidades locales: son el motor de terribles guerras sangrientas y los principales responsables de la muerte de población civil en todo el mundo.

Cada vez que el presidente de EE. UU., Donald Trump, decide atacar un país por sus recursos fósiles, el impacto en nuestros bolsillos es inmediato: los precios de la energía y la alimentación se disparan. Esta dependencia es peligrosa y a la vez innecesaria, porque nos doblegamos ante su energía fósil a pesar de que somos una potencia mundial en recursos renovables.

La lucha por controlar el petróleo y el gas está detrás de guerras y conflictos en todo el mundo. España tiene ante sí una oportunidad histórica para romper estas cadenas. Es una cuestión de seguridad nacional y justicia global: nadie invade un país por sus renovables.

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