Francisco Sierra
El
pasado mes tuvo lugar un maratón-homenaje dedicado a Umberto Eco, con motivo
del aniversario de su fallecimiento. La ocasión apenas trascendió en los
medios, presos de la histeria informativa y las fuerzas centrífugas de control
del acontecer social, con las que se suele imponer la narrative de la inanidad.
Hoy
que se da una malversación del lenguaje en la pospolítica y se corrompen las
palabras y la ética pública con el despliegue del trumpismo mediático, volver a
recorder a Eco tiene, permita el lector el juego de palabras, una nueva
resonancia.
La
retórica de Milei puede, de hecho, ser mejor diseccionada con el célebre
artículo del maestro de la semiótica sobre el fascismo. Y ahora que se rememora
su figura conviene recordar su compromiso con el PCI, sus exploraciones
creativas en la RAI, la crítica del despojo y la deconstrucción de los que
Deleuze definía como discursos imbéciles tejidos con verdades bajas, además del
cultivo del humanismo y las humanidades que hizo a lo largo de su obra en toda
su extensión.
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