La jueza de la Corte Penal Internacional, Solomy Balungi Bossa, la relatora de la ONU, Francesca Albanese y el director de Al Mezam, Issam Younis, tres de los sancionados por EEUU. La Haya, este jueves
El SOS lanzado desde La Haya por juristas y la relatora de la ONU mientras la UE protege sus negocios y alianzas con Israel
elDiario.es
26/04/2026
Esta semana, una vez
más, el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea evitó someter a
votación la suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel, un
pacto que otorga al Estado israelí la categoría de socio comercial prioritario
de la UE. Alemania e Italia fueron los principales opositores a su suspensión,
pero también mostraron reticencias otros países.
El
Acuerdo de Asociación de la UE con Israel, puesto en marcha en 2003, ha seguido
vigente desde entonces pese a las matanzas, el apartheid y la anexión ilegal
impulsadas por el Ejército israelí. Operar con un acuerdo preferencial como
este viola la Convención sobre Genocidio, que exige adoptar todas las medidas
posibles para prevenir el genocidio, e ignora la petición de la Corte
Internacional de Justicia, que solicita a los Estados “suspender relaciones
comerciales y de inversión que contribuyan” a la ocupación ilegal israelí y a
la segregación contra la población palestina.
La
Unión Europea conoce los crímenes israelíes pero opta por no activar mecanismos
para intentar frenarlos, evita suspender sus relaciones preferenciales y además
vuelve a decir sí a la participación israelí en Eurovisión. Esta posición
supone un incumplimiento de sus obligaciones internacionales y una violación del
derecho internacional. Llevamos dos años y medio de genocidio en Gaza
contemplando cómo las palabras van por un lado, y los hechos, por otro.
Relatores de la ONU subrayan que la suspensión
del Acuerdo de Asociación UE-Israel es un “requisito mínimo”, es decir, no es
la única obligación que tienen los Estados para cumplir el derecho
internacional, pero ni siquiera ese paso ha sido posible
Varias
ONG han denunciado que el Acuerdo siga activo y han tratado de presionar para
su suspensión, junto con Eslovenia, Bélgica, Irlanda y España. Amnistía
Internacional, entre otras, ha señalado que el mantenimiento de estas
relaciones preferenciales “muestra el desprecio por las vidas civiles” y “será
recordado como otro capítulo vergonzoso en uno de los momentos más deshonrosos
de la historia de la Unión Europea”.
El
responsable de incidencia en la UE de Human Rights Watch (HRW), Claudio
Francavilla, ha indicado que “la UE siempre ha tenido las herramientas para
ejercer una presión real para frenar los crímenes israelíes y perseguir la
rendición de cuentas, para prevenir la destrucción y los asesinatos de madres,
niños, familias enteras. No las utiliza, y esto es una elección política
deliberada y una violación del derecho internacional”. La Unión Europea es el
mayor socio comercial de Tel Aviv, por delante de Estados Unidos: no es verdad
que no disponga de mecanismos para presionar a Israel.
Los relatores expertos de Naciones nidas subrayan que la
suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel es un “requisito mínimo”, es decir, no es la única obligación
que tienen los Estados para cumplir el derecho internacional en estos momentos.
Pero ni siquiera ese paso ha sido posible. “La UE no puede afirmar que defiende
los derechos humanos mientras mantiene un comercio preferencial con un Estado
cuyo comportamiento equivale a genocidio”, han denunciado.
La
relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, insiste en que “limitar
el comercio con las colonias es una cortina de humo”, porque “si el derecho
internacional significa algo, la complicidad no se ajusta o se limita: se acaba con
ella, por lo que el comercio con Israel debe suspenderse ya”.
La UE siempre ha tenido las herramientas para
ejercer presión real para detener los crímenes israelíes, para prevenir los
asesinatos de madres, niños, familias enteras. No las usa, y esto es una
decisión política deliberada y una violación del derecho internacional.
Todo
esto ocurre mientras once integrantes de la Corte Penal Internacional, la
relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, y varias organizaciones
de derechos humanos palestinas siguen sancionados por Estados Unidos por hacer su trabajo. No han cometido ningún delito pero
sufren un castigo habitualmente empleado contra narcotraficantes y redes
criminales. Su labor consiste en investigar crímenes, recopilar pruebas y
aplicar el derecho internacional, y por eso han recibido las sanciones del
Gobierno de Trump.
Algunos
de los afectados por ese castigo son europeos, por lo que llevan tiempo
solicitando a los Estados la activación del reglamento de bloqueo de la UE, diseñado
para proteger a sus ciudadanos en este tipo de casos. Esta semana esos jueces y juristas sancionados por Washington
lanzaron un SOS desde La Haya, sede de los dos tribunales internacionales. En
un encuentro público impulsado por la Coalición para la Corte Penal Internacional y la campaña Courage, dirigida principalmente a la UE,
ofrecieron una rueda de prensa para relatar cómo les afecta este castigo y para
solicitar ayuda a los Estados.
Bajo
el título '¿Quién protege a quien protege?' contaron que no pueden usar sus
tarjetas de crédito ni acceder a sus propios ingresos en sus cuentas bancarias
europeas —u otras— y demandaron protección de los países europeos.
No puedo realizar pagos ni recibir ingresos y he
sido condenada –también en mi propio país, también en Europa– a una muerte
civil. “No puedo realizar pagos, no puedo recibir
ingresos y he sido condenada —también en mi propio país, también en Europa— a
una muerte civil”, denunció Francesca Albanese, relatora de Naciones Unidas,
quien agradeció la elaboración de un informe sobre la situación de los sancionados,
realizado por la Coalición para la Corte Penal Internacional.
“Si
Australia, Túnez o cualquier otro Estado impusieran sanciones a alguien, no se
aplicarían fuera de ese país. Pero cuando se trata de bancos, como Europa no
tiene verdadera soberanía bancaria, nuestros bancos en Europa corren el riesgo
de ser acusados de cometer un delito grave”, explicó Albanese, refiriéndose a
su imposibilidad de acceder a sus propios ingresos en cuentas bancarias
europeas. Por esta situación su familia interpuso recientemente una querella en Estados Unidos contra Trump y el
Secretario de Estado, Marco Rubio.
Tanto
ella como los representantes de las organizaciones palestinas sancionadas —Al Haq, Al
Mezam y el Centro Palestino para los Derechos Humanos— enfatizan que “es Israel
el que está cometiendo crímenes”, “nosotros somos los que los
investigamos”. Sin embargo, son ellos los que están recibiendo presiones,
persecución y castigo: “Nos colocan junto a narcotraficantes y criminales, en
el mismo saco”.
Hace
tan solo unos días Francia negó la entrada al director de Al Haq, quien tenía
previsto participar en una conferencia en París. Esta organización, al igual
que las otras dos mencionadas, lleva décadas realizando tareas de investigación
en los territorios palestinos y presentando demandas en los tribunales.
Es el viejo juego: en Bruselas nos dicen que el
problema está en las capitales y en las capitales nos dicen que está en
Bruselas. Y así, por defecto, Europa no está cumpliendo en materia de derecho y
justicia
También
recientemente la relatora de la ONU, Francesca Albanese, fue objeto de una campaña de difamación en su contra, en la que
participaron varios ministros de Exteriores de la UE pidiendo su
dimisión. “Cuando Albanese expone los crímenes israelíes, algunos Estados de la
UE exigen su renuncia”, señala Claudio Francavilla, de HRW. El precio de
respaldar la aplicación del derecho internacional es cada vez más alto, no solo
en suelo estadounidense, también aquí, en esta Europa de doble rasero.
“Esperábamos
recibir señales alentadoras en Bruselas, pero salimos completamente
frustrados”, explica el director de Al Mezam, Issam Younis. “Es el viejo juego:
en Bruselas nos dicen que el problema está en las capitales y en las capitales
nos dicen que está en Bruselas. Y así, por defecto, Europa no está cumpliendo
con su papel en materia de derecho, de rendición de cuentas y de justicia”,
denuncia.
“Por favor, apoyen esta campaña, porque resulta chocante ver que hay
funcionarios estatales que ni siquiera saben que hemos sido sancionados”,
reclama la relatora de la ONU. Y añade: “Hay personas que tienden a ser
cobardes o que no se dan cuenta de que forman parte del sistema. Piensan que
tramitando papeles no están haciendo nada, que no contribuyen. Pero no es
así. Hoy, en tiempos de genocidio, si no formas parte de la solución, formas
parte del problema. No hay espectadores neutrales cuando se trata de un
genocidio”.
Hay personas que no se dan cuenta de que forman
parte, piensan que tramitando papeles no contribuyen. Pero no es así. Hoy,
en tiempos de genocidio, si no formas parte de la solución, formas parte del
problema.
En
tiempos de genocidio, la inacción es una contribución a los crímenes
y supone una vulneración del derecho internacional. La Unión Europea sigue
apostando por sostener su imagen dando dinero para la reconstrucción, pero sin
molestar en la fase de destrucción. No desplegó las herramientas obligadas para
evitar la destrucción de hospitales, escuelas y personas y sigue sin hacerlo.
“El ciclo que financia la Unión Europea es reconstruir, bombardear de nuevo,
reconstruir, bombardear de nuevo, ese ciclo aviva la impunidad”, denuncia
Claudio Francavilla, responsable de Human Rights Watch para la UE.
Los
negocios y las alianzas preferenciales de la UE con Tel Aviv siguen adelante
mientras Israel viola el alto el fuego en Gaza y Líbano, mata a más de 2.500
personas en las últimas semanas —incluidos niños y niñas— incrementa sus
asentamientos en Cisjordania, transfiere población a los territorios ocupados,
extiende su presencia militar en el sur de Líbano y justifica sus bombardeos
ilegales contra Irán.
La
población de Gaza vive apelotonada en menos de un tercio del territorio,
hacinada, arrinconada y vigilada por el Ejército israelí, que ocupa más de la
mitad de la Franja. Cientos de miles de personas habitan en tiendas de campaña,
sin los nutrientes necesarios, sin atención médica adecuada, sufriendo frío,
calor, humedad y ratas que, literalmente, están provocando heridas y
enfermedades.
En 2024 numerosas voces alertaron de que, si
no se actuaba frente a los crímenes israelíes, el mundo podría acostumbrarse a
ellos, por repetición. Dos años después, asistimos a un retroceso de derechos y
libertades en Europa para acallar las protestas, las matanzas y el apartheid
continúan y tenemos a máximos representantes del derecho internacional
sancionados y desprotegidos, en suelo europeo. No hay la reacción que merecen.
Esta indiferencia contribuye activamente a la debilitación de las herramientas
jurídicas creadas para proteger los intereses de las mayorías sociales del
planeta.
Los
dirigentes hablan de alto el fuego, pero no hay un alto el fuego real, ni en
Gaza ni en Líbano. La 'Junta de Paz' de Trump no es de paz y las negociaciones
no son realmente negociaciones, sino imposiciones. Pero los crímenes siguen
siendo crímenes, mientras la UE realiza malabarismos comunicativos para que las
palabras sean percibidas como hechos y las complicidades sigan siendo
invisibles.