Leandro del Moral, miembro de Fundación Nueva Cultura del Agua y de la Mesa Social del Agua de Andalucía
10 de marzo de 2026
La Directiva Marco de Agua (DMA) aprobada en el año 2000 se basa en principios y plantea objetivos muy ambiciosos en lo que se refiere a la defensa de la calidad de las masas de agua y de los usos socioeconómicos sostenibles que dependen de ella. La herramienta más poderosa que la propia DMA ofrece para alcanzar esos objetivos es un modelo de planificación extraordinario, un auténtico monumento en términos de planificación pública, cuya importancia va más allá del ya de por si fundamental mundo del agua.
El esquema es el siguiente: aprobada la Directiva se abrió en cada Estado miembro el proceso de transposición (2003), de constitución y análisis de las cuencas hidrográficas (en muchos países no estaban reconocidas como instituciones jurídico-administrativas) y de elaboración del primer plan de gestión y programa de medidas, con un plazo de aplicación de seis años (2009-2015). Además del seguimiento anual de su desarrollo, dos años antes de su vencimiento se realiza, siempre con requisitos de información y participación pública rigurosos, un análisis actualizado del estado de la cuenca y a continuación se presenta, fomentando con especial intensidad la participación pública ‘activa’, un documento clave para preparar el siguiente plan: el Esquema de Temas Importantes (ETI), esto es, la definición de los problemas y las diversas alternativas para afrontarlos que tienen que estructurar el plan del siguiente ciclo (2015-2021). Con los mismos protocolos se desarrolla el plan del tercer ciclo (2022-2027) y tras él el del cuarto (2028-2033), momento en el que nos encontramos, debatiendo durante seis meses sobre el ETI (12 o 14 fichas de temas clave, según cuencas) todavía en fase de documento provisional (ver gráfico 1).
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